en la opini贸n de

La corrupci贸n somos todos

Por Luciano Garc铆a

Todos los actuales candidatos prometen combatir la corrupci贸n. Es un punto importante dentro de sus propuestas pol铆ticas. Y asumiendo que sea una propuesta honesta, derivada de un honesto deseo de bienestar social de parte de una persona honesta que por la raz贸n que sea ha sido investida como l铆der de un grupo pol铆tico queda en el aire la pregunta: 驴C贸mo le va a hacer?.

Si hacemos una retrospecci贸n hac铆a los or铆genes del pueblo mexicano podremos vislumbrar que los actos corruptos llevan mucho tiempo como parte de nuestra idiosincrasia.

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Guillermo Mar铆n, en su obra 鈥淟a corrupci贸n en M茅xico. Una estrategia de resistencia cultural鈥1, indica que el primer gran acontecimiento nefasto en nuestra historia es la ca铆da de Quetzalc贸atl, con la que empez贸 el decaimiento de la filosof铆a espiritual con la que se reg铆an los habitantes de An谩huac. Los aztecas sustituyeron esa filosof铆a con una doctrina m铆stico-guerrera-materialista simbolizada por Huitzilopochtli. La conquista por los espa帽oles, hombres rebeldes, desobedientes de leyes, pr贸fugos de la justicia, que solo persegu铆an el enriquecimiento r谩pido sin preocuparse por formar una naci贸n en la Nueva Espa帽a propici贸 la mezcla de dos sociedades corruptas2.

Cort茅s instaur贸 un sistema de encomiendas3 en el cual 500 burdos, ambiciosos, inmorales, incultos e ignorantes soldados espa帽oles quedaron a cargo de otros tantos pueblos ind铆genas desvalorizados聽 y sin identidad propia y cada encomendero dominaba a plenitud su se帽or铆o, como una especie de Rey local. As铆, pod铆a atacar cualquier insubordinaci贸n incluso de los caciques que prevalec铆an desde la 茅poca prehisp谩nica a quienes en algunos casos nombraron como auxiliares para la recolecci贸n de los tributos y los dotaron de armas y caballos para su mejor desempe帽o.

Pero con este sistema el pueblo burlaba el pago de tributos tanto a la Corona como a los encomenderos mediante d谩divas a esos auxiliares. El tama帽o del territorio y lo dif铆cil de las comunicaciones hicieron muy sencillo evadir los procedimientos legales.

Luego, el Virreinato cre贸 las alcabalas (aduanas interiores) donde se pagaba una cuota por pasar con mercanc铆a para comerciar y los encargados de esos puestos tambi茅n se quedaban con los sobornos.

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Incluso el primer Virrey, Antonio de Mendoza, fue acusado de recibir regalos por parte de los encomenderos para aumentar sus beneficios o acrecentar sus territorios y de embolsarse dos mil ducados de oro anuales durante los 19 a帽os de su gobierno que hab铆an sido asignados por el Rey para los salarios de las personas que estaban a cargo de su cuidado.

Esta mezcla de valores degradados de los ind铆genas y valores tergiversados de los espa帽oles fue el caldo de cultivo para la corrupci贸n en ambos lados quedando como el material que cimentar铆a la futura naci贸n. Se neg贸 la cultura ind铆gena pero no se trasplant贸 la espa帽ola. Estando as铆, los ideales del movimiento armado de 1810 por fuerza tambi茅n se ven corrompidos. Se trataba de eliminar a los corruptos peninsulares para ejercer corruptamente el poder y enriquecerse r谩pidamente. Ahora los criollos pasan a ser los depredadores de los pueblos ind铆genas y sus recursos naturales en una total ilegitimidad y fuera de la voluntad sustentadora del pueblo ind铆gena.

Los acontecimientos despu茅s de la Independencia son m谩s conocidos: luchas de poder entre liberales y conservadores, levantamientos armados por caudillos inconformes, la instauraci贸n de una dictadura (mediante sucesivas y fraudulentas reelecciones), la consiguiente Revoluci贸n Mexicana y todos los hechos, a veces sangrientos, que han llevado a la naci贸n al estado en que se encuentra ahora.

Pero con los antecedentes descritos, es evidente que toda la historia de M茅xico est谩 amalgamada con la corrupci贸n como una consecuencia de la falta de valores e identidad presente desde el colapso de la cultura mesoamericana en el per铆odo Cl谩sico Superior.

As铆 que, retomando la pregunta formulada en el primer p谩rrafo, cualquier persona que trate de eliminar esta caracter铆stica del mexicano se topar谩 con un obst谩culo gigantesco, porque mientras en los discursos se pueda tener una postura de rechazo, en la realidad y fuera de la vista p煤blica se tolera, se justifica y hasta se promueve. El ciudadano com煤n lo acepta, parcial o totalmente, porque es parte del diario vivir, como lo ha sido por siglos.

La 煤nica forma de provocar un cambio en este rubro es aceptando que carecemos de ese valor y por consiguiente adoptarlo como norma en la vida cotidiana. Hacer un autoan谩lisis de los motivos que nos impulsan a practicar actos corruptos (usualmente es el deseo de la posesi贸n material) y evaluar si el fin justifica los medios, tomando en cuenta que un acto de corrupci贸n, por peque帽o que sea, derivar谩 en otros de mayor trascendencia y sobre todo, considerar seriamente el legado moral que se le dejar谩 a las siguientes generaciones (hijos y nietos), recordando que los ni帽os que vean la corrupci贸n como algo normal, crecer谩n y ser谩n m谩s corruptos que los padres.

La actual generaci贸n de altos gobernantes acusados de corrupci贸n es prueba fehaciente de lo 煤ltimo.

 

Twitter: @Luciano__Garcia

 

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