en la opinión de

¿Qué celebra el pueblo bueno y sabio?

Tres años han pasado desde que – según palabras de AMLO – se hiciera justicia en unas elecciones, las mismas que el INE llevo a cabo a través de miles de ciudadanos que ejercieron su derecho al voto en una maltrecha democracia mexicana.

Autodenominándose “la esperanza de México”, el partido MORENA pidió al electorado “carro completo” en la elección del 2018, sin que los simpatizantes cuestionaran perfiles, preparación o propuestas de los candidatos, solo por el simple hecho de sacar al “PRIAN” del poder.

Una vez en el poder y desde mucho antes, AMLO comenzó a prometer infinidad de acciones para mejorar la situación del país, invitando al pueblo a sus consultas a modo con lastimosa participación que fue haciendo cada vez más evidente el nulo interés de la población, porque se consideró que ya había hecho su parte con ponerlo en el poder, sin la menor comprensión de las repercusiones que tendrían los caprichos presidenciales.

La necedad de cancelar obras ya iniciadas o cortar financiamiento a programas sociales ya establecidos para implementar los de la 4T sin un estudio de impacto en los afectados, bajo el argumento de corrupción que, dicho sea de paso, nunca ha sido expuesta o presentada para el escrutinio público, ha contribuido a agudizar las carencias en los sectores más vulnerables del tan mencionado pueblo bueno y sabio.

Han pasado 1095 días desde que AMLO llegó al poder, en los cuales sus únicos logros han sido levantarse temprano de lunes a viernes, descubrir como una yegua es el motor de un trapiche y quizá el más importante, quién es la “zopilota”, y de ahí párele de contar. Nadie sabe en que emplea el tiempo del resto del día después de salir cada mañana a señalar con su dedo flamígero a quienes lo cuestionan, exhiben o hacen evidentes contratos sin licitación, falta de resultados y negligencia sobre el rumbo de sus acciones.

Pandemia, inseguridad, inflación, corrupción, desabasto, todo es culpa del pasado neoliberal. El presente parece no existir pues todos los días AMLO da saltos cuánticos al futuro: “vamos hacer esto, vamos a hacer esto otro…” o a lo inverosímil, aterrizando en un universo alterno dónde afirma que todo eso se acabó solo porque él así lo dice mientras agita un pañuelo blanco.

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Evidente y grotesca resulta la mofa al decir que el pueblo es “bueno y sabio”, al menos la mayoría de sus seguidores, pues la otra mitad se ocupa de analizar cada atropello que realiza la 4T, no por sentimiento visceral o porque les hayan quitado privilegios. Intelectuales, medios y periodistas siempre han puesto el dedo en la llaga de lo que omite o hace cada gobierno en turno. Lo lastimoso de la actual administración es su fragilidad ante la crítica de libres pensadores, incluso de deportistas y gente de la farándula que alguna vez los apoyaron abiertamente.

Todo el bienestar que pregona la 4T está en la secta de MORENA, no en el pueblo, que aplaude sin razón a pesar de la alza de los productos de la canasta básica, de un sistema de salud en continúa decadencia, del crimen organizado imponiendo candidatos y gobiernos locales, además del claro atentado diario desde el pulpito presidencial hacia todo ciudadano que manifieste el reclamo de un derecho negado. Y en aras de «no manchar la investidura presidencial», el pueblo sigue adulando y justificando todo, hasta su propia desgracia.

Los mexicanos celebran tener a un aprendiz de dictador viviendo en el palacio más opulento de Latinoamérica. Lo hacen inconscientemente o muy conscientes por temor o conveniencia, sin importar el reparto de contratos al ejército y borrando de un plumazo de ganso cualquier intento de acceso a la transparencia, simplemente porque la mayoría no acepta la gravedad del asunto por estar más preocupada y enfocada en sobrevivir con apoyos sociales, remesas, tranzas o trueques. El pueblo que lo apoya no mira más allá del viernes próximo, gusta de la recompensa inmediata, de la dádiva y no del logro basado en el esfuerzo honrado. A veces pienso que el mismo pueblo gustaría de forrar de oro las paredes del palacio nacional para que el “mesías tropical” pueda admirarse en ese reflejo del brillante metal de la corrupción.

Canek Sánchez  /  canek@pozarica.net

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